Los trabajadores del sector financiero son afectados en su bienestar laboral de diferentes formas, para empezar, se ha perdido su sentido de pertenencia a las empresas con las que trabaja por la forma tan inhumana como tienen organizado el trabajo hoy, con exigencias laborales como cumplimientos de metas, que no retan al trabajador para trabajar con ganas por su propio beneficio, todo lo contrario, son una amenaza para su estabilidad laboral además de la mala remuneración.
La competencia tan ruda, lleva a complejos de inferioridad ante resultados adversos que tienen que ver con el aislamiento de propios compañeros de trabajo, por miedo, desconfianza, estrés permanente, que afecta su parte física, expresada en presión alta, bruxismo, alteración nerviosa y cansancio permanente, entre muchos otros problemas de salud.
El compañerismo se ha perdido y se ve al propio compañero como un adversario. Casi todos se están juzgando entre sí, la percepción propia y las que tiene sobre los otros y sobre sus jefes es mala. Concluyendo en una imagen negativa y distorsionada de la empresa empeorada por el peligro que conlleva la comunicación con los “estratos sociales” mas altos de la Compañía, no se sabe con quién hablar, sus propios jefes actúan agresivamente porque ese fue su entrenamiento. Solo le queda al trabajador el aguantar ante el acoso laboral que puede ser entendido como una política laboral plenamente reconocida y que produce impotencia en la gran mayoría de quienes la viven.
Los Comités de convivencia laboral por la forma antidemocrática como son constituidos, la mayoría de sus miembros son personas a favor de la empresa y por esa razón, cuando se llega a la denuncia por acoso laboral, no pasa de ser un mero trámite que no resuelve nada y los responsables continúan en la total impunidad, causando mas daño ante la frustración que causa la inutilidad de esos espacios de concertación y de solución.
La única solución verdaderamente probada en estos casos de acoso laboral es cuando el trabajador se afilia al sindicato y este logra brindarle el apoyo suficiente para superar la situación y sindicato y afiliado(a) enfrentan juntos el problema llevando el caso hasta las últimas instancias. De resto, los trabajadores tienen que decidir entre seguir con el empleo o la renuncia. La recomendación es, primero, no llegar a la renuncia laboral porque es peor la cura que la enfermedad y segundo, acudir al sindicato para consultar el problema.
Ante la experiencia vivida por los trabajadores del sector financiero, hay que darle la razón al filósofo José Luis Pardo cuando dice:
“Lo que el trabajo le hace a uno es arrancarle brutalmente de su comunidad natal, de sus lazos afectivos, de sus lealtades familiares, de sus vínculos de amistad e incluso de sus condiciones personales, y arrojarle a la intemperie, retirándole todo aquello que uno sentía como protector. Es como pasar repentinamente a una condición de orfandad”.
Los programas de Bienestar Laboral en las empresas son simple demagogia porque no logran cumplir con uno de sus objetivos: trabajadores saludables y seguros.